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UN DICTADOR MENOS

UN DICTADOR MENOS

Hasta muerto, Pinochet sigue causando división en Chile. Tras el fallecimiento del dictador Augusto Pinochet, Chile se encuentra dividida, con viejas heridas reabiertas. Mientras medio país, con el Gobierno a la cabeza, se niega a rendirle honores de Estado, otro medio llora por el fallecimiento del dictador. Santiago de Chile, la capital del país, ha vivido una noche tensa que se ha saldado con 100 detenidos y casi 50 heridos, mientras 10.000 personas velaban el cuerpo del dictador y la derecha se cebaba en el Gobierno por la valiente decisión de Bachelet de negarle honores de Estado a un dictador responsable directo de la muerte y tortura de miles de chilenos.

Frente a estos hechos, las víctimas del dictador, sus descendientes, quieren que continúen las causas judiciales a pesar del fallecimiento. Pinochet debe ser declarado culpable por los crímenes que cometió desde el golpe de estado que encabezó hasta el fin de su dictadura. Sus muertes no pueden quedar impunes en un país que todavía no ha olvidado esos terribles años. El dictador tenía abiertas más de 400 querellas, y no sería lógico cerrarlas en este momento. La justicia debe seguir hasta el fin para poner en su sitio al que fue uno de los dictadores más sanguinarios de toda Hispano América.

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